NO LOGRO RECORDAR

qué nos dijimos.

Ni aquella untuosidad con que la arcilla

torneaba el tazón de mi deseo.

Subido al escenario

tu voz titubeante,

con la misma impaciencia

de quien se cree impostor

–tramoyista de sombras–.

Terminó la lectura

y apenas conversamos (abducidos

por ese metaverso especular

de los poetas).

No puedo precisar en qué momento

sentí que se aflojaba el nudo corredizo

en la oquedad del pecho.

Será, precisamente, lo que ignoras

aquello que te salve—.

Desde entonces,

me encerraba en el baño

deslizaba los dedos

sobre tu foto de perfil

como si acariciaras

      espejos de mercurio—.

En ella amanecía

bajo el solo reflejo de tu rostro

contra la ventanilla.

Tren nocturno –volvías de algún viaje–,

con un gesto infinito

de tristeza y cansancio.

(Resulta inconcebible

y, sin embargo, es cierto

que en la vida un instante

puede cambiarlo todo).

ROSANA ACQUARONI

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí