No te puedes fiar del tiempo si quieres creer en el amor
No puedes fiar al destructor la más sutil de las criaturas
Solo el fuego perenne quema sus manos 
las detiene
aunque no para de llover
con gran convencimiento de lluvia
y yo aparto las cortinas para verte
telas de agua
y llamas 
en ondulados 
escondites

Amar en lo invisible es la única manera de ganar al tiempo
El tiempo trabaja en una puerta que abre y cierra sin parar
Nos deja permanecer en el interior del parpadeo
los días suficientes 
mientras nos arruga la vida de un portazo
lento e inaudible
inaudiblemente ruidoso cuando la puerta
ya nos ha expulsado de casa

Por eso en la puerta de la muerte te abrazo 
y en las puertas que el tiempo desconoce

La que abre al remolino turbio o rojizo o esmeralda de nubes que la aguja deshace

La que abre a la partitura blanca y circular donde los nombres se imprimen en braille y de la que se levantan los bosques y a la que surcan los ríos

La puerta que lleva a la gruta de espacio incalculable
donde 
tras el cristal del faro
gira el diamante sobre un tallo de espinas

La que se abre en la esfera donde se ensanchan los abismos
y se iluminan y oscurecen 
alternativamente

La que se abre en cada átomo que sopla desde dentro de nosotros 
donde braceas en un mar que resplandece
y también 
alternativamente
vacío

La que lleva a las columnas que ejercen la totalidad de la altura
y aquellas otras columnas que son ausencias vertiginosas
pero enlazan planetas y soles y galaxias
por las que el cosmos se desliza en espiral

La puerta que se abre entre las columnas vertebrales de dos personas que se aman
y deja contemplar la corriente de fuego 
que une lo visible y lo invisible

Donde arden las manos del tiempo 
La puerta que ni el destructor puede cerrar
si sabes crear en lo invisible la más sutil de las criaturas

Ernesto Pérez Zúñiga

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