Llegamos —no todos— a otra Navidad y con ella, en nuestro afán por atesorar momentos, recitamos aquellos versos de Jorge Manrique apropiado por el habla popular: «cualquiera tiempo pasado / fue mejor», invocando al temido fantasma de esas Navidades pasadas.
Y al amparo de nuestros recuerdos —y tan delicadamente— en estos días singulares, el viejo fantasma gruñón nos hace un guiño, permitiéndonos creer que en nuestras Navidades de antaño todo era mejor, y no. La sutileza con la que nuestro cerebro evoca aquellas emociones se adentra lentamente en pensamientos que se vuelven extraordinariamente intensos y nos hacen rememorar aquellas días de entonces, revivir sensaciones que probablemente nunca fueron como nuestro corazón las recuerda.
Y es que en estas Navidades distintas en las que participamos ya, por segundo año consecutivo, por el covi —sin d—, prevemos un futuro poco halagüeño y nos sentimos partícipes de algo tremendamente complejo. Remover nuestro pasado para construir un futuro nos hace no sentir el presente —que se nos va de entre las manos—, como últimamente sucede. Y es por ello que quizá sea necesario considerar lo que tenemos por cierto, pensar en el futuro con esperanza, archivar el pasado con templanza y devorar el presente a cada rato.
En esta Navidad distinta, muchas familias estarán confinadas en su habitación. Otros las pasarán solos en el atroz confinamiento de la soledad no deseada; muchos no podrán reunirse con sus seres queridos; y el caos, que ha asolado discretamente sus planes, llegará a invadir esa sensación única. Y vuelta a esa frase que nos procura recordar que cualquier tiempo pasado fue necesariamente mejor, incluso la Navidad pasada con su covi y todo.
Y ésta, que será la segunda de nuestra historia con la pandemia, esperaremos a vivir todo con la debida aquiescencia, para que pase pronto y volvamos a ese regalo diario que se llama rutina. No nos ha tocado la lotería y a lo peor, ni tenemos salud, pero estamos vivos. Pongamos buena cara al mal tiempo. Mi mente me lleva de nuevo a recordar a aquellos que ya no estarán nunca más y cómo no, a los que la covi se llevó por delante.
Quiero dar unas gracias inmensas a mi equipo, que ha sacado en este año complejo este barco llamado Prensa Social. Y mi emocionado recuerdo para todas las personas que no están ya; los mayores, las que están solas y son dependientes, aquellas que tienen una discapacidad y luchan por salir adelante. Sois un ejemplo, mi ejemplo, por el que cada día abro este diario, acaso «el periódico que nos une».
Espero, sin embargo, que en esta aventura de iniciar un año nuevo, podamos juntos ir contando lo que va a ser todo este sarao, y mientras eso sucede, vivamos con paz y amor y atesoremos salud para disfrutar de esto, que no es otra cosa que la Navidad y la vida, la nuestra. Nada más y nada menos.
Muchas felicidades, queridos lectores.
Ana De Luis, directora.


























