Variantes XE y Deltacron, las cepas con las que la covid-19 se reinventa

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Mientras los casos de covid-19 continúan al alza en diferentes países, con China a la cabeza, las variantes XE y Deltacron ganan protagonismo y preocupación.

Más de dos años de pandemia han pasado y todavía el virus SARS-CoV-2 encuentra fuerza y modos para mutar a nuevas cepas. Es el caso de las variantes XE y Deltacron, que se han incorporado en el panorama actual de altos contagios como actores virales bastante activos que además están dispuestos a reñir con la protección adquirida por las vacunas y sus dosis extra de refuerzos.

Ómicron silenciosa o BA.2 sigue su expansión por EEUU, Europa y Asia oriental

La aparición de ambas variantes, la XE y Deltacron, responde seguramente al parámetro de mecanismo y generación de variabilidad descrito por Fernando González Candelas, miembro de la Unidad Mixta Infección y Salud Pública, de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica (Fisabio), asociación correspondiente a la Comunidad Valenciana y a la Universidad de Valencia.

«La OMS sólo reconoce como variante bajo vigilancia [VUM, Variant Under Monitoring] la variante recombinante XD, no la XE. La variante XD es, en efecto, una variante con parte de delta y parte de ómicron».

De hecho, fue Maria Van Kerkhove, epidemióloga jefa de la Organización Mundial de la Salud, quien ha insistido ya varias veces en la importancia de «mantener los sistemas de vigilancia en alerta ante esta nueva combinación».

En esta ocasión, la explicación de cómo se producen exactamente esas mutaciones y aparición de nuevas variantes, algunas nacidas como resultado de la unión de otras dos cepas ya conocidas, la proporciona González Candelas, quien detalla concretamente el desarrollo evolutivo del virus.

«En concreto, la proteína S (espícula o spike) es del tipo ómicron (BA.1) y el resto del genoma corresponde a delta», tras lo cual recalca que «no se ha asignado a esta variante la categoría de VOC o VOI (variante de interés y variante preocupante, respectivamente) pues tanto delta como ómicron ya están designadas así».

Según cuenta el portavoz de Fisabio, existe actualmente «otra variante recombinante, correspondiente al linaje XE, que se ha detectado en Reino Unido y otros países, y parece asociarse a una ligera mayor transmisibilidad que los genomas que se combinan en ella; ambos ómicron, pero una parte es BA.1 y la otra es BA.2. Por el momento, la OMS no la considera variante que necesite vigilancia, aunque sí lo es para Public Health England, por esa mayor transmisibilidad detectada en ese país».

Un llamamiento a la calma

Para expertos de la talla de Iñaki Comas, investigador del Instituto de Biomedicina de Valencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), esta es una situación que refleja el trazo dejado por un mecanismo más del virus, únicamente; algo que no debe preocupar ni asustar, sin embargo.

«No debe asustarnos. Ha estado ocurriendo durante toda la pandemia y va a seguir ocurriendo», afirmó. «El fenómeno se da cuando dos variantes del virus infectan a un mismo individuo. Por lo tanto, la primera condición es que esas dos variantes se tienen que “encontrar” en el espacio y en el tiempo».

En palabras de González Candelas, «la recombinación es un fenómeno muy frecuente en virus con genomas de RNA y polaridad positiva, como el SARS-CoV-2, aunque en muchas ocasiones pasa desapercibida porque no genera variantes distintas a las progenitoras».

En el caso del Coronavirus, mismamente, «hemos empezado a detectar estas variantes recombinantes con más frecuencia, gracias a que han coincidido en el tiempo y el espacio dos variantes con alta prevalencia, delta y ómicron, lo bastante diferentes como para ver que una parte del genoma se parece a una y la otra parte a la otra variante».

Es algo que ya ha sucedido con anterioridad, tal y como señala el experto de la fundación valenciana, teniendo en cuenta que con la cepa Alpha se detectó alguna variante recombinante, pese a que ésta no tuvo trascendencia epidemiológica en su día.

¿Cómo debemos actuar ante la certeza de que siempre habrá cepas futuras en el horizonte?

A mayor transmisión de casos de covid-19, mayor disparo de la probabilidad de recombinación del virus, según afirmaciones científicas. Una tendencia reglamentaria que sucede «cuando los niveles de transmisión del virus son altos y hay más posibilidad de que una persona se contagie al mismo tiempo con dos variantes», en palabras de Cristian Smerdou, investigador principal de Desarrollo de nuevos vectores de Terapia Génica del Centro de Investigación Médica Aplicada de la Universidad de Navarra (CIMA).

A ojos del experto, cuando esto sucede la variante resultante «combina» material genético de ambas, o eso expone; por lo que «si tiene éxito y consigue transmitirse de forma eficiente, se convierte en una nueva variante en circulación».

Algo que se vuelve factible «porque, y por lo que ahora nos parece más común, la detección de formas recombinantes es más fácil cuanto más diferentes son unas variantes de otras». He ahí por qué «al principio de la pandemia las variantes apenas se diferenciaban en una o en unas pocas mutaciones», detalló González, matizando que por ello «era imposible distinguir formas recombinantes».

Ahora, en cambio, cuando tantas variantes coexisten pese a ser muy distintas entre sí, resulta «más fácil encontrarlas», tal y como agregó el vocal de Fisabio, refiriéndose a las combinaciones de Ómicron y Delta en sus versiones de BA1 y BA2.

No obstante, el experto Comas, del Instituto Valenciano del CSIC, Comas sostiene que «en realidad no tienen por qué cambiar el curso y el control de la pandemia. Han de ser tratadas e investigadas de la misma manera que las no recombinantes. En ese sentido, la respuesta a ómicron ha sido un buen manual de instrucciones que ahora debemos seguir».

¿Cómo tenemos que vigilar entonces las nuevas combinaciones convertidas a su vez en nuevas variantes?

Se deben tener en cuenta una serie de acciones preventivas a las que recurrir en calidad de medidas de vigilancia, y así lo explica el portavoz del instituto del CSIC, quien señala que lo primero por hacer es estudiar si esas formas recombinantes tienen una ventaja en transmisibilidad frente a las variantes dominantes.

La segunda medida a tomar consiste en determinar si dicho éxito de transmisibilidad es un fenómeno epidemiológico local y regional, o si, por el contrario, se puede reproducir en varios países, capacidad que indicaría una propiedad intrínseca de la variante.

En este plan de vigilancia de las futuras cepas es preciso agregar, asimismo, un estudio observacional realizado en laboratorio, en el que se contemple todos los posibles impactos de las mutaciones de dicha expresión vírica, entrando a valorar sobre todo la respuesta celular y por anticuerpos que posea.

Este tercer paso conduciría ineludiblemente a la cuarta medida, es decir, a analizar con severidad una posible asociación. Lo que desembocaría en la actuación final de este alistado plan de vigilancia de las variantes, tal y como enumeró Iñaki Comas; nos referimos, cómo no, a medir su impacto en el mundo real, valorando la protección que puedan aportar las vacunas, tanto las primeras como las de refuerzos.

Es por todo ello que en la situación actual, caracterizada por la actividad de tres diferentes mutaciones simultáneas de Delta y las Ómicron BA.1 y BA.2, «se sigue con más interés por si las nuevas combinaciones de mutaciones resultantes de la recombinación tuviesen efectos combinados más importantes que por separado», según explica González Candelas; «al poder aumentar la transmisibilidad, disminuir la eficacia vacunal o dar como resultados fallos en los diagnósticos por PCR, o hacer ineficaces algunos tratamientos basados en anticuerpos monoclonales».

En cuanto a XE, parece ser la que crece más rápido, al menos si se la compara con el resto de las variantes recombinantes, aunque hay que admitir que los expertos aún dudan si ello se debe a un fenómeno local en Reino Unido, o directamente por razones que solo responden a la variante en sí misma.

Se trata, en cualquier caso, de una mezcla de BA.1 Y BA.2 con la espícula procedente de BA.2. Por ello «es de esperar que la protección a las vacunas se mantenga con respecto a lo que vemos con BA.2 y BA.1», y así lo apunta González Candelas.

En este sentido, la opinión de comas coincide al cien por cien con la de los dos otros expertos, al subrayar la necesidad de incorporar la detección de estas variantes recombinantes a los sistemas de vigilancia de cada región, a fin de «seguir trabajando en la integración con la información clínica, epidemiológica y de vacunación de los casos, para establecer lo más pronto posible su riesgo».

¿Es posible que se creen nuevos escenarios donde imperen las nuevas recombinaciones de la covid-19?

Sí, ciertamente. En este sentido, González Candelas indicó que ni siquiera ahora «tenemos suficiente capacidad ni conocimientos para poder predecir con precisión cómo se va a comportar una nueva variante, sea por recombinación o por algún otro de los mecanismos antes comentados».

Una incertidumbre que, en términos de posibles variantes futuras, implica que «podemos estar casi seguros de que lo hará porque es más transmisible», de llegar a producirse la extensión de una nueva cepa entre la población, a criterio de expertos. Algo que vendría a demostrar que «hay varias formas de conseguir esa mayor transmisibilidad por parte del virus», o eso vaticinó González.

Otra opción, sin embargo, apunta a que la futura cepa podría llegar a ser más eficiente en «la penetración de las células, o ampliar el rango de las que puede infectar, o reducir el ciclo reproductivo en su interior, o aumentar la producción de virus». Son circunstancias que ya se han dado en el pasado en ciertas variantes previas, cierto.

Podría darse otra situación, empero, y es la de aumentar su transmisibilidad, aún más si encima provoca lo que los expertos llaman “fallo vacunal”, caracterizado porque «se transmitiese e infectase con gravedad mayor a personas con su pauta de vacunación completa», en términos explicativos de Gonzáles Candelas.

De llegar a darse algo así, «lo que es muy difícil pero no creo que podamos afirmar que imposible», según augurios de González, «podríamos tener que acelerar la administración de dosis de refuerzo basadas en la nueva variante, por ejemplo, y mientras tanto tendríamos un aumento de casos graves, con las consecuencias que ya sabemos que esto produce».

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