Tener presencia online es habitual. Lo que no está igual de desarrollado es la práctica de hacer Egosurfing y controlar lo que internet sabe de una persona.

Todo internauta deja una huella digital a su paso por internet. Es su identidad virtual, un rastro trazado sin saberlo en cada búsqueda y en cada publicación sobre uno mismo en las redes sociales, propias o ajenas. Para seguirle los pasos exactamente a estas marcas dejadas en el mundo online, basta con practicar el egosurfing. Abajo le dejamos todo sobre esta práctica y le explicamos cómo funciona.

¿Qué es el egosurfing?

Se trata de una búsqueda, hecha a sabiendas y a conciencia, sobre la identidad de uno mismo en internet; un hábito que ayuda a ser más consciente de la huella digital estampada tácitamente en la red virtual, a partir de la cual uno podrá adoptar las medidas de seguridad oportunas.

Al hacer egosurfing se está recibiendo cierta cantidad de resultados, buena parte de los cuales corresponde a las propias publicaciones. Pero esta es la parte más fácil de controlar la huella digital de uno. ¿Y por qué?

Dado que basta ojear las opciones de privacidad de las redes sociales en donde uno tenga perfil y, una vez se haya entrado, eliminar las publicaciones no deseadas, o al menos borrar las que uno no quiere que aparezcan en internet, expresamente.

¿Y qué pasa con la información sobre uno mismo que otros han publicado en sus respectivos perfiles sociales? Lo primero por hacer en esta categoría de egosurfing es configurar las propias opciones, decidiendo quién puede etiquetarle y quien no; lo siguiente, por supuesto, es recomendarle a amigos y familiares y demás conocidos que revisen las opciones de privacidad de sus redes sociales, invitándoles específicamente a corregir la información de sus publicaciones en donde se menciona a uno.

Y es que es esta información de terceros, precisamente, la que toman las empresas o periódicos y las difunden, ya sea en forma de una lista de ganadores de un sorteo, por ejemplo, o en el conteo de personas admitidas en un curso, o en el listín de los ponentes asistentes a un seminario.

La buena noticia es que también se puede llegar a gestionar este tipo de información que barajan fuentes de terceros, y menos mal, haciendo así un egosurfing aún más efectivo.

De cara a la protección de los datos de carácter personal, es preciso señalar que la legislación vigente de Google y demás buscadores garantiza los derechos de Acceso, Rectificación, Cancelación y Oposición, recogidos todos en la categoría llamada ‘ARCO’.

Es más, usted puede ejercer su derecho al olvido, si al explorar se topa con entradas con información antigua que vulnera su derecho a la privacidad. ¿Cómo aplicar esta cancelación? Pidiendo al buscador de internet que directamente elimine los resultados. Fácil, sencillo e inmediato.

Egosurfing permite un menor rastro en Google

Este buscador parece omnisciente… y casi lo es. Sin embargo, usar Google habiendo una ventana o dejando en activo una cuenta de usuario en la plataforma implica una mayor exposición a la información que se está volcando, consintiendo así en que este ojo vigilante conozca mucho acerca de uno, incluido los pasos propios dados en la red.

El motor de búsqueda ni siquiera lo oculta: «al utilizar nuestros servicios nos confías tus datos», advierten ya en la primera línea de su política de privacidad.

Y es que la mayor parte de la información que baraja y obtiene esta importante compañía sale recopilado directamente de lo que usted ha introducido en su buscador. ¿El objetivo? Crear un perfil chivato, fiel reflejo de los gustos y preferencias de cada uno, construido a base de las consultas internautas realizadas a través del motor de búsqueda.

Un perfil al que recurren, además, para ofrecerle anuncios personalizados, o eso asegura la plataforma, especialmente al usar las diferentes aplicaciones entre los que se mueve el gestor de anuncios de Google.

Lo bueno de todo esto, es que al hacer egosurfing, al menos uno puede acceder a la configuración de anuncios de Google; ¿para qué? Para ver si está activada o no la personalización de anuncios. ¿Cómo esquivar esta recopilación de datos? Fácil: desactivando el perfil en Google, optando mejor por una exploración anónima.

De esta manera el gigante tecnológico no tendrá más opción que dejar de personalizar los anuncios. El inconveniente de esto es, obviamente, que una vez desactivada esa opción uno se expone a que le salten anuncios de todo tipo, desafortunadamente, pero no se puede tener todo.

¿Qué viene a significar todo esto? Que sus datos personales son la moneda de cambio que tanto Google como otros motores de búsqueda exigen cordial pero descaradamente a la hora de usar sus servicios, con la excepción de aquellas personas que han puesto dinero para pagarse cada mes un correo en Gmail o un servicio de vídeos en YouTube.

Por eso existen siete datos que jamás hay que compartir con internet

Usar la red digital es un gesto automático de cada día. Tanto es así que Internet se ha convertido en el complemento perfecto que revisar cuando uno va a la caza de numerosas y diferentes cuestiones, ya esté realizando o no egosurfing; un gesto que dificulta el intento de escapar a su mirada grabadora de Gran Hermano, y no dejar nada de rastro en la plataforma.

Pero no toda la información compartida es igual de sensible e importante, y eso es un hecho incuestionable. Puede decirse, en este sentido, que existen siete tipos de datos que nunca jamás se debería compartir por la red, bajo ninguna circunstancia, teniendo en cuenta que el solo hecho de usar internet es una exposición que hace peligrar su privacidad y seguridad.

Y es así, precisamente, como advierten desde INCIBE, el Instituto Nacional de Ciberseguridad, el cual también invita a realizar de cuando una búsqueda de información personal mediante egosurfing. ¿Y cuáles son exactamente estos datos?

El correo electrónico y el número de teléfono, en primer lugar. ¿Y por qué? Porque compartirlos libremente por la red equivale a apuntarse como candidatos para ser víctimas de phishing, spam y demás ciberataques que se originan en el entorno ingeniero de la red social.

INCIBE recomienda, asimismo, que no se comparta la dirección ni ubicación en tiempo real, debido a que uno desconoce las verdaderas intenciones de una persona interesada en rastrear y averiguar dónde vive uno, cuáles son los lugares que más frecuenta o cuándo está ausente en casa.

Tampoco es aconsejable compartir alegremente los retratos fotográficos de los menores, ni las Fotos comprometedoras y privadas, ya que es difícil determinar dónde pueden acabar; más si se tiene en cuenta que es sumamente complicado prever quién o quiénes pueden tener acceso a esas imágenes.

Esto supone una gran amenaza para la seguridad personal, por un lado, exponiéndose uno a consecuencias muy graves, a riesgo incluso de sufrir extorsión y/o ciberacoso, una crítica situación que ni todos los egosurfing pueden resolver cuando se presenta.

De igual forma, el Instituto Nacional de Ciberseguridad desaconseja encarecidamente no compartir los datos personales y, en caso de tener que hacerlo, prestar atención y escoger con cuidado y razón la página donde se depositan (sitios oficiales de entidades estatales, a poder ser).

Rebelar informaciones como el carné de conducir, el DNI, el contrato de trabajo y/o los datos bancarios supone asimismo arriesgarse a una suplantación de identidad en el futuro, así como al uso fraudulento de tales datos. En este sentido de privacidad cabe destacar que tampoco está de más tener cuidado con las opiniones, quejas y comentarios comprometedores que uno vuelca en internet, especialmente si es subido de tono.

Como tampoco sobra medir las conversaciones mantenidas virtualmente, ya que pueden contener datos personales, informaciones privadas o secretos reveladores que muchas veces, además, implica a una tercera persona que preferiría que tal conocimiento personal e íntimo no se difundiese.

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