Miedo, es el primer sentimiento que tienes; miedo a lo desconocido, miedo a hacer aquello contra lo que profesionalmente has trabajado tanto tiempo; miedo a que no salga como debe, miedo a no dormir esa noche…

Llega la hora acordada, la familia espera, unida en silencio en un ambiente contenido de rabia y aceptación de la realidad. 

El paciente está tranquilo, bromeando, dándonos una lección de entereza y dignidad humana como jamás he visto. Acaso una mezcla de amor eterno hacia los suyos y un agradecimiento hacia el profesional que tanto tiempo le ha acompañado en su enfermedad.

Suena U2, With or Without you, una canción que a partir de ahora ya no me traerá ningún otro recuerdo…

«Tranquilo y entero»: eso acierta a decir con satisfacción; tranquilo, porque está relajado y sin sufrimiento; entero, porque logra evitar que la enfermedad acabe con su dignidad como persona.

Esas dos palabras han cambiado mi forma de ver nuestra actuación. He llorado junto a la familia; he sentido su dolor como si fuera mío, he entendido lo que es una muerte digna y, aunque seguiré luchando por la vida, hoy entiendo un poco más a aquellos pocos que dignifican su persona por enfermedades que acaban con su vida a través de la eutanasia. 

Eso sí, después de esto, a ver dolores de garganta en la consulta como si nada hubiera pasado…

Gracias a mis compañeros por haber estado juntos en esta experiencia. 

O.B.P., médico

Gracias, doctor, por compartir con nuestros lectores una lección de vida y su profesionalidad. Los médicos también son de carne y hueso.

Con profunda admiración,

Ana De Luis, directora.

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