El mester de Clerecía

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 *Miguel Díez R. El viejo profesor, para Prensa Social

Otro nuevo modo de hacer poesía desde comienzos del siglo XIII lo impulsó el mester de clerecía, alejado tanto del cantar de gesta como de la lírica tradicional. Ya me he referido a lo que significaba clérigo en aquellos tiempos: personas cultas, conocedoras del latín, los únicos que escribían.

Gonzalo de Berceo (nacido hacia 1198 y muerto hacia 1264)

Desde el siglo XIII hasta finales del XIV se desarrolla en la literatura castellana una nueva forma narrativa culta, por contraposición a las formas populares del mester de juglaría, es el llamado mester de clerecía, y Gonzalo de Berceo es el primero conocido y el más significativo e importante. 

Considerada desde una perspectiva formal, pertenece a esta tendencia literaria porque utiliza la cuaderna vía, la estrofa tradicional de dicho mester. Dentro de este estilo literario se agrupan todos los textos escritos por clérigos o personas cultas que tenían una finalidad y un contenido principalmente religioso, pero, más tarde, también satírico, amoroso etc. Y que se había extendido por toda Europa hasta entrado el siglo XIV, y en Castilla hasta el XVI.

Los Milagros de Nuestra Señora —escrito alrededor de 1260—-es la obra más importante de Gonzalo de Berceo, -toda la poesía anterior a esa primera mitad del siglo XIII es anónima: las jarchas, los poemas de los juglares ambulantes, los cantares de gesta, el Poema o Cantar de Mío Cid un clérigo secular adscrito al monasterio de San Millán de la Cogolla. 

Esta obra está considerada como una de las cúspides de la literatura mariana de su tiempo.

Está formada por veinticinco narraciones milagrosas, más una introducción alegórica, donde el poeta se muestra como un peregrino en un prado idealizado —locus amoenus— que representa su fe en la Virgen María.

Berceo traslada a sus exempla el carácter ingenuo de las gentes sencillas: María aparece como una instancia maternal que se apiada de las flaquezas humanas y perdona toda ofensa de sus hijos; es como el último recurso al que pueden aferrarse hasta los más pecadores. El poeta simplemente apelaba al sentimiento de las gentes, sin pretensión teológica alguna. 

Gonzalo de Berceo era un narrador de raza, muy culto y atento a lo que va y viene por aquel Camino de Santiago tan transitado y cercano a él, pero a la vez tiene una clara vocación de cura párroco, enraizado en la forma de pensar, de hablar y de actuar de sus convecinos de Berceo: labriegos, ganaderos y pequeños artesanos y comerciantes. Él recrea ese mundo sencillo y cotidiano con un lenguaje llano y fresco, dirigido a todos y que todos comprenden. Un lenguaje que produce lo que expresó muy acertadamente Rafael Lapesa: sensación de inmediatez. Menéndez Pelayo dice de Berceo:

Es sin duda un poeta sobremanera simpático y dotado de mil cualidades apacibles que van penetrando suavemente el ánimo del lector, cuando se llega a romper la áspera corteza de la lengua y la versificación del siglo XIII. No tiene la ingenuidad épica de los juglares, pero, aunque hombre docto, conserva el candor de la devoción popular, y es en nuestra lengua el primitivo cantor de los afectos espirituales.

Podéis leer estos textos en la lengua original, esparcidos en sus escritos y donde se muestran los sencillos e ingenuos detalles de su vida y obra: 

Gonzalvo fue so nomne qui fizo est’ tractado,

en Sant Millán de Suso fue de niñez crïado;

natural de Verceo ond’ sant Millán fue nado.

                              ***

    

 Quiero fer una prosa en román paladino,

en la cual suele el pueblo fablar a su vecino;

ca no so tan letrado por fer otro latino.

Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.

                               ***

Avemos en el prólogo mucho detardado

sigamos la estoria esto es aguisado

los días no son grandes anochezrá privado

escribir en tiniebra es un menester pesado

                              ***

Amigos si quissiésedes un poco atender

un precioso mirado vos qerría leerquando fuere leído avredes grand placerpreciarlo edes más qe mediano comer.

                            ***

Los nomnes son revueltos graves de acordar              

non los podemos todos en rimas acoplar            

más vos quiero la cosa planamientre contar               

qe prender grand trabajo e el corso damnar.                    

En el nomne precioso del Rey omnipotent

que faze sol e luna nacer en orïent,

quiero fer la passión de señor sant Laurent,

en romanz, que la pueda saber toda la gent.

Milagros de Nuestra Señora

Introducción

.

    Amigos e vassallos de Dios omnipotent, 

si vós me escuchássedes por vuestro cosiment,

 querríavos contar un buen aveniment; 

terrédeslo en cabo por bueno verament.  

    Yo, maestro Gonçalvo de Verceo nomnado, 

yendo en romería caecí en un prado,

 verde e bien sencido, de flores bien poblado,

 logar cobdiciaduero pora omne cansado.

     Daban color soberbio las flores bien olientes,

refrescaban al par las caras y las mentes;

manaban cada canto fuentes claras, corrientes,

en verano bien frías, en invierno calientes.

      Gran abundancia había de buenas arboledas,

higueras y granados, perales, manzanedas,

y muchas otras frutas de diversas monedas,

pero no las había ni podridas ni acedas.

      La verdura del prado, el olor de las flores,

las sombras de los árboles de templados sabores

refrescáronme todo, y perdí los sudores:

podría vivir el hombre con aquellos olores.

      Nunca encontré en el siglo lugar tan deleitoso,

ni sombra tan templada, ni un olor tan sabroso.

Me quite mi ropilla para estar más vicioso

y me tendí a la sombra de un árbol hermoso.

      A la sombra yaciendo perdí todos cuidados,

y oí sones de aves dulces y modulados:

nunca oyó ningún hombre órganos más templados

ni que formar pudiesen sones más acordados.

          Cuántos son en el mundo, justos y pecadores,

coronados y legos, reyes y emperadores,

allí corremos todos, vasallos y señores,

y todos a su sombra vamos a coger flores.

         Los árboles que hacen sombra dulce y donosa

son los santos milagros que hace la Gloriosa,

que son mucho más dulce que la azúcar sabrosa,

la que dan al enfermo en la cuita rabiosa.

         Y las aves que organan entre esos frutales,

que tienen dulces voces, dicen cantos leales,

esos son Agustín, Gregorio y otros tales,

todos los que escribieron de sus hechos reales.

           Todos tenían con ella gran amistad y amor,

en alabar sus hechos ponían todo su ardor;

todos hablaban de ella, cada uno a su tenor,

pero en todo tenían todos igual fervor.

          El ruiseñor que canta por fina maestría,

también la calandria, hacen gran melodía;

pero cantó mejor el barón Isaías

y los otros profetas, honrada compañía.

        Cantaron los apóstoles por modo natural,

confesores y mártires hacían bien otro tal;

las vírgenes siguieron a la madre caudal;

todos ante ella cantan canto bien festival.

          Por todas las iglesias -y esto es cada día-

cantan laudes ante ella toda la clerecía;

todos festejan y honran a la Virgo María:

estos son ruiseñores de gran placentería.

El labrador avaro

      Había en una tierra un hombre labrador

que empleaba la reja más que otra labor;

más amaba la tierra que no a su Criador,

Era de mucha forma hombre revolvedor.

    Hacía una enemiga suzuela de verdad,

Cambiaba los mojones por ganar heredad,

Hacía en todas formas tuertos y falsedad,

Tenía mala fama entre su vecindad.

    Aunque malo, quería bien a Santa María,

oía sus “milagros” y bien los acogía;

saludábala siempre, decía cada día:

—¡Ave gratia plena, que pariste al Mesía!

    Finó el arrastrapaja de tierra bien cargado,

en soga de demonios / fue luego cautivado,

lo arrastraban con cuerdas, de coces bien sobado,

le pagaban el duplo del pan que dio mudado.

    Doliéronse los ángeles por esta alma mezquina,

Por cuanto la llevaban los diablos en rapiña;

quisieron socorrerla ganarla por vecina,

mas para hacer tal pasta faltábales harina.

    Si decían los ángeles de bien una razón,

ciento daban los otros, malas, que buenas non;

los malos a los buenos tenían en rincón,

el alma por pecados dejaba en prisión.

    Un ángel levantóse dijo, —“Yo soy testigo,

Verdad es, no mentira, esto que ahora os digo:

El cuerpo, el que llevó esta alma consigo,

fue de Santa María vasallo y muy amigo.

    Siempre la mencionaba al yantar y a la cena,

decía tres palabras Ave gratia plena;

la boca del que sale tan santa cantilena

no merece yacer en tan mala cadena”.

    Luego que esti nomne de la Sancta Reina

udieron los diablos cogieron de ý aina

derramáronse todos como una neblina,

desampararon todos a la alma mesquina.

    Vidieronla los ángeles ser desamparada,

de piedes e de manos con sogas bien atada;

sedié como oveja que yaze ensarzada, 

fueron e adussiéronla pora la su majada.

    Nomne tan adonado e de vertut atanta,

que a los enemigos seguda e espanta,

non nos deve doler nin lengua nin garganta

que non digamos todos “Salve Reina Sancta”.

 
 

Mis poetas. Antonio Machado

 Antonio Machado con mucha frecuencia rindió homenaje en sus versos a los poetas medievales españoles que tanto amó y que tanto influyeron en su manera de escribir: el Cantar de Mio Cid, Jorge Manrique, el Romancero y, desde luego, Gonzalo de Berceo, el primer poeta español de nombre conocido de nuestra literatura. En Campos de Castilla le dedica el siguiente poema donde resume sus escritos, destaca la sencillez de sus palabras, el uso de los versos alejandrinos con la cuaderna vía, y la autenticidad de una poesía que emana del corazón.

     El primero es Gonzalo de Berceo llamado,

Gonzalo de Berceo, poeta y peregrino,

que yendo en romería acaeció en un prado,

y a quien los sabios pintan copiando un pergamino.

     Trovó a Santo Domingo, trovó a Santa María,

y a San Millán, y a San Lorenzo y Santa Oria,

y dijo: Mi dictado non es de juglaría;

escrito lo tenemos; es verdadera historia.

     Su verso es dulce y grave; monótonas hileras

de chopos invernales en donde nada brilla;

renglones como surcos en pardas sementeras,

y lejos, las montañas azules de Castilia.

     Él nos cuenta el repaire del romeo cansado;

leyendo en santorales y libros de oración,

copiando historias viejas, nos dice su dictado,

mientras le sale afuera la luz del corazón.

*Miguel Díez R, el Viejo Profesor, es licenciado en Teología, Filosofía y Filología Hispánica (Especialidad Literatura Hispánica).

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