Los >30.000 muertos que Sanidad sigue sin querer contar

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Gráfica comparativa entre mortalidad esperada y observada (exceso de mortalidad) en España. Datos cortesía Sistema MoMo / Isciii.

Del 9/3/20 al 2/1/22 murieron en España 120.740 personas más que del 9/3/18 al 2/1/20, según datos del INE

A dos años exactos del primer caso de covid en España —confirmado en el Hospital Virgen de Guadalupe de La Gomera por el Centro Nacional de Microbiología el 31 de enero de 2022—, hablamos con Rafael Cascón Porres del estudio Vinculación del exceso de mortalidad* con la infección COVID en España y comparación con los países europeos (2020) —del que es autor junto con Berzal Rubio, Miguel; Santos Olalla, Francisco; y Villanueva Llauradó, Paula, investigadores como él de la Universidad Politécnica de Madrid— para recabar datos actualizados y preguntarle si confirman las graves conclusiones alcanzadas entonces. Nos asegura que así es.

*Exceso de mortalidad: diferencia positiva entre las defunciones efectivamente registradas durante un periodo dado y la mortalidad esperada de antemano (mortandad prevista) en función de la tasa media registrada previamente.

Prensa Social: Su trabajo Vinculación del exceso de mortalidad con la infección COVID en España y comparación con los países europeos (2020) ha merecido la atención de parte de los medios y una opinión pública ávida de cifras de mortalidad reales. ¿Es que éstas se nos escamotean, y de ahí la necesidad de investigarlas, o a fin de cuentas se trataba de un informe prescindible?

Rafael Cascón: No creo que fuera prescindible.

PS: En lo esencial, su investigación se sirve de dos herramientas  —la aplicación Inforeg y el sistema MoMo— para extraer dos conclusiones: las cifras reales de fallecimientos por covid en España 1) divergen crecientemente al alza de las facilitadas por el Ministerio de Sanidad, a la baja; y 2) encabezan las estadísticas europeas. Ahora bien, si las herramientas son del dominio público, ¿por qué no así las conclusiones que éstas arrojan? ¿Carecen de interés periodístico o están sometidas a alguna forma de censura?

R.C.: Matizo que España encabezó el exceso de mortalidad con respecto al resto de Europa el pasado año 2020. En 2021, aunque también ha existido un importante exceso de mortalidad en España, no ha sido el país que lo ha encabezado. Ese exceso de mortalidad coincidía con la mortalidad causada por la covid que reflejaban los certificados de defunción, considerablemente superiores a las cifras que se manejan de muertes con covid, asociadas únicamente a los fallecidos con prueba diagnóstica en vida. Sorprende que, pese a ello las conclusiones [oficiales] no reflejen este hecho. No creo que haya censura. Los datos son públicos e incuestionables. Los medios de comunicación lo indican libremente en algunas noticias puntuales…

PS: Algunos medios de comunicación.

R.C.: …Pero pasado un tiempo se olvida y vuelve a reflejarse casi exclusivamente esa cifra que infravalora las muertes acaecidas [la que sigue ofreciendo el Ministerio de Sanidad en las estadísticas oficiales, >30.000 por debajo de la real]. Probablemente pierda interés periodístico y ninguna administración está interesada en resaltar que las muertes reales son considerablemente superiores, sin que se puede acusar por ello de censura, ni ocultación [por otra parte imposible], puesto que los datos reales se ofrecen a quien quiera buscarlos. Tal vez sí podría apreciarse cierto disimulo. Y me atrevo a apuntar, aunque resulte triste, que al tratarse en su gran mayoría de muertes de ancianos, el interés de la sociedad decae.

Cuando se trata de muertes de ancianos, el interés de la sociedad decae.

Rafael Cascón Porres

PS: A juzgar por su propia experiencia profesional, ¿no le parece que el nivel de exigencia del ciudadano español medio para con los poderes públicos es inferior a lo observado en nuestro entorno europeo, redundando en una democracia de calidad asimismo inferior? En concreto, ¿no cree que, en lo que se dice un país serio, hechos tan graves como los que demuestra su investigación habrían deparado consecuencias proporcionales en gravedad a sus responsables políticos?

R.C.: Debería conocer la situación en cada uno de los países y observar lo que hubiese ocurrido ante circunstancias similares, aunque sorprende que algunas actuaciones, con los resultados que han conllevado, no hayan motivado una mayor respuesta por parte de la ciudadanía.

El funeral de Estado en 2020 sepultó las cifras reales de defunciones

PS: En relación con lo anterior, ¿qué opinión le mereció, p. ej., el funeral de Estado celebrado con toda pompa y boato el jueves 15 de julio de 2020, en honor de las 28.413 víctimas del virus corona oficialmente reconocidas a la sazón? ¿No fue un desprecio por la memoria de tantas otras no menos legítimas pero deliberadamente ninguneadas por un Gobierno opaco que enterró en primer lugar la información? 

R.C.: En julio de 2020 se conocía que el exceso de mortalidad era muy superior esa cifra «oficial» de 28.413 (aproximadamente 20.000 muertes más). Y comunidades como Madrid o Cataluña también reflejaban que las muertes por causa del covid en los certificados de defunción eran muy superiores. Desconozco si existía alguna razón para limitar ese número de defunciones. Pero sorprende más que cuando el INE confirmó posteriormente, a finales de 2020, que las muertes causadas por el covid en esa primera ola eran muy superiores a esos 28.000 (cifra «oficial» limitada únicamente a personas fallecidas con prueba diagnóstica positiva en vida, cuando esas pruebas eran considerablemente limitadas), esta última cifra se siga manteniendo.

La antaño longeva España, líder europea en exceso de mortalidad

PS: Y hablando de compararnos con el resto de Europa, ¿seguimos encabezando esa triste estadística que nos destaca como el país del Viejo Continente con «mayor exceso sobre la media de fallecidos en 2016-2019» de entre los treinta y tres enumerados en la lista recopilada por Eurostat (Vinculación del exceso de mortalidad…, pág. 13)?

R.C.: La comparación debe hacerse en cada periodo. Durante el repunte actual, España no es el país con mayor exceso de mortalidad del continente. Sin embargo, si analizásemos la variación acumulada desde el inicio de la pandemia mediante exceso sobre lo esperado en términos relativos a la población, España seguiría estando en cabeza de los 28 países europeos que reportan a EuroMoMo, organismo que armoniza los excesos de mortalidad en términos relativos para países de poblaciones diferentes.

Sanidad desoyó las directrices de la OMS

PS: ¿A qué fin cree que obedeció la implantación por la OMS de su ambigua directriz «Orientación internacional para la certificación y clasificación (codificación) del Covid-19 como causa de muerte» de 20 de abril de 2020? ¿Maquillar las estadísticas estableciendo una distinción entre muertos por covid y muertos con covid que diluyera a éstos entre otras causas?

R.C.: No creo que fuera una directriz ambigua. Era bastante clara, pero no se ha querido seguir. Precisamente la OMS pretendía que se reflejasen también las muertes causadas por el covid, aunque no hubieran sido diagnosticados en vida, siempre que viniese reflejado entre las causas en el certificado de defunción, si el facultativo lo apreciaba por las circunstancias de la muerte. Y además pretendía excluir aquellas muertes en que, aun habiendo prueba positiva, el covid no hubiese intervenido en la defunción (por ejemplo, accidentes), en cuyo caso no debía indicarse como causa en el certificado y no contabilizarse como muerte por covid. Si se hubiese seguido esa directriz en España se contabilizarían bastantes más muertes por covid (tal y como indicó el INE en su momento) que las 90.000 que se computan actualmente [90.759 a 17 de enero de 2022]. Además de los certificados de defunción, la OMS también resaltó la importancia del seguimiento del exceso de mortalidad durante la pandemia.

En las últimas ocho semanas de 2021 han muerto 8.291 personas más que en las últimas ocho semanas del año 2019 (el inmediatamente previo a la pandemia) y se han notificado 1.900 muertes por covid en ese periodo.

Rafael Cascón Porres

PS: El pasado noviembre el exceso de mortalidad ascendió a 2.994 defunciones por encima de la cifra esperada [=media del cuatrienio 2016-2019 para dicho mes]. Sanidad sólo atribuyó a la covid 640 de estos decesos. Preguntada, en consecuencia, por la causa de los 2.354 restantes, Carolina Darias adujo ignorancia («A mí también me gustaría saberlo») y, cuando le insistieron, advirtió: «Por ahí no es». ¿Puede orientar a la ministra? ¿Por dónde es?

R.C.: Sorprende que el Ministerio de Sanidad no se preocupe en encontrar esa diferencia entre el exceso de mortalidad y muertes por covid, puesto que ya se había detectado en la quinta ola acaecida en verano, y tampoco se analizó. Casi exclusivamente se producen en las personas mayores, los mismos grupos de edad a los que afecta la mortalidad provocada por el covid. Y en la ola actual no se ha circunscrito al mes de noviembre, puesto que prosiguió el mes siguiente. Con los últimos datos publicados por el INE, que ya recogen todo 2021, en las últimas ocho semanas de 2021 han muerto 8.291 personas más que en las últimas ocho semanas del año 2019 (el inmediatamente previo a la pandemia) y se han notificado 1.900 muertes por covid en ese periodo, cifra muy inferior a ese exceso de mortalidad. Es difícil aventurar una razón, cuando el Ministerio de Sanidad, con una capacidad inmensamente superior de medios para valorarlo, no lo hace. Es probable que no se deba a una única causa: quizás parte de esa diferencia se deba a muertes por covid no diagnosticado en vida, y por tanto no reflejado en esa contabilidad de muertes con covid; o a muertes indirectas derivadas de la situación de pandemia por sobrecarga del sistema sanitario; y también algunas muertes por covid que pueden haberse producido en este periodo, pero se notifican más tarde: aunque sólo sea una parte de esa diferencia de cifras, es sorprendente que las muertes con covid que notifican la Comunidades de Cataluña y Madrid desde hace mes y medio en sus webs oficiales apenas se estén recogiendo en la contabilidad de muertes con covid que realiza y publica el Ministerio de Sanidad.

PS: Analizando dicho exceso de mortalidad en noviembre de 2021 —que, según nos dice, el sistema MoMo venía detectando desde mediado octubre—, Vd. declaró en diciembre que, aunque superaba el umbral de confianza, su magnitud no tenía «nada que ver con lo que ocurrió en 2020». ¿Qué ocurrió en 2020?

R.C.: El exceso de mortalidad en 2020 fue muy superior a lo observado actualmente. Especialmente durante los meses de marzo y abril de 2020, coincidiendo con la primera ola. En las olas siguientes se observa un exceso de mortalidad considerable, aunque no se llegó a valores tan elevados. En el caso concreto de noviembre la mortalidad fue considerablemente mayor en 2020, coincidiendo con la segunda ola, que en noviembre de 2021, que coincidía con el inicio de la sexta. Pero que sea menor ahora no quiere decir que sea insignificante. A veces parece que, porque antes se producía un exceso de varias decenas de miles de muertes en un par de meses, ahora no debe preocupar que se alcancen valores en exceso de sólo miles de muertes. Siguen siendo muchas las vidas que se pierden.

Correlación y concordancia temporal

PS: «El exceso de mortalidad en este periodo [47.637 fallecidos entre el martes 10 de marzo y el sábado 9 de mayo, según el MoMo; o 48.015 del lunes 9 de marzo al domingo 10 de mayo, según estimación funeraria del INE] no se ha dado en España desde hace décadas y además no se ha constatado ninguna otra causa [distinta de la covid] que pueda ocasionar una sobremortalidad significativa», reza asimismo el informe, que evidencia una correlación entre exceso de mortalidad y defunciones por covid, «empezando en el mismo momento, alcanzando el máximo en la misma fecha e iniciando el descenso simultáneamente»; y añade: «La concordancia es muy elevada. Es evidente la relación entre la infección y el exceso de fallecimientos y su concordancia temporal […] Si hubiera existido alguna otra causa que motivase un exceso de mortalidad significativo en este periodo, tendría que darse la casualidad de que fuese incrementándose al mismo ritmo que el avance de la infección y que también provocase la muerte aproximadamente once días después de los casos diagnosticados de la infección […] Ambas coincidencias son muy improbables. Además en cada Comunidad Autónoma se repite una similar evolución de la cifra de decesos, retardada los mismos días frente a los diagnósticos de la enfermedad […] Si hubiera existido una causa que provocase un exceso de mortalidad significativo, debería haber actuado de tal manera que su efecto en la mortalidad fuese proporcional a la ratio de infectados por covid, con una proporcionalidad similar en todas las CCAA  […] Por todo ello se puede concluir que ese exceso de decesos sobre la mortalidad esperada indicaría de manera muy aproximada los fallecidos provocados por la infección del COVID-19 durante ese periodo de acusado exceso de decesos sobre la media esperada» (págs. 5-9). Más de un año después, los nuevos datos recabados por la Universidad Politécnica de Madrid ¿refutan esta conclusión o la corroboran?

R.C.: Cuando hicimos y publicamos ese informe, todavía el INE no había publicado las causas de mortalidad durante el primer semestre de 2020. Lo hizo unas semanas después; y unos meses más adelante, las de todo el 2020. Los resultados obtenidos por el INE coincidieron exactamente con nuestras conclusiones, que quedaron completamente corroboradas.

Los estudios de seroprevalencia posteriores indicaron que habían padecido el covid aproximadamente diez veces más de los diagnosticados.

Rafael Cascón Porres

PS: En ausencia de la concordancia temporal mencionada en la cita anterior, ¿qué porcentaje estimado de dicho exceso de mortalidad cabría atribuir a otras causas, como p. ej.: reacciones adversas a la vacunación o cualesquiera patologías distintas de la covid, p. ej. las cardiopatías, que según consta fueron mayormente desatendidas por el colapso del sistema sanitario?

R.C.: Aquel informe se refería a 2020, y por tanto el exceso de mortalidad no podría atribuirse a reacciones a vacunación [no había comenzado la vacunación masiva de 2021]. En ese año 2020, al observar las causas de muertes, publicada por el INE, coincide aproximadamente el exceso de mortalidad con la mortalidad atribuida al covid en los certificados. Deja escaso margen para otras causas. Hay que recordar que en la primera ola de 2020, la capacidad de detección era muy limitada: los estudios de seroprevalencia posteriores indicaron que habían padecido el covid en esa ola aproximadamente diez veces más de los diagnosticados, por lo que no era extraño que hubiese mortalidad por covid sin haberse detectado previamente.

Para 2021, tanto en verano como en los dos últimos meses del año, también existe mayor exceso de mortalidad que muertes contabilizadas con covid. La coincidencia con los periodos de repunte de contagio (5ª y 6ª olas) obliga a descartar las reacciones a la vacunación como causa mínimamente significativa, puesto que el incremento de la vacunación NO ha coincidido con esos repuntes. Y observando los rangos etarios se observa que precisamente el progreso en la vacunación por edades ha hecho disminuir el exceso de mortalidad de las edades a las que se estaba administrando la vacuna. Hipótesis posibles serían una infradetección de casos de covid que hubiesen concluido en aceleración de la muerte por comorbilidad con otras patologías (quizás se apreciase indicio de ello, analizando comorbilidades en los certificados de defunción); o posible incremento de mortalidad por sobrecarga de servicios hospitalarios (camas, UCIs, atención primaria) que pudiese haber derivado en muerte en pacientes por falta de atención adecuada, aunque para ello esos decesos deberían haberse producirse pocos días después de esa posible desatención, puesto que coinciden con el repunte de contagios [concordancia temporal], pero se aprecia menor exceso de mortalidad cuando pasa la ola; es decir, no parece excesivamente significativo a medio y largo plazo.

PS: Y aun en tales supuestos, ¿no podría considerarse a la covid causa última también de estas defunciones —en la medida en que, si se administraron vacunas o si el sistema sanitario colapsó, fue indirectamente a causa de la epidemia— o pesa más como factor la mala gestión de la misma por las Autoridades públicas? 

R.C.: Repito que con nuestros análisis las vacunas NO han contribuido al aumento de la mortalidad y lo que se aprecia es justamente lo contrario: disminuye la mortalidad en los grupos etarios a los que se van administrando vacunas. Afortunadamente tampoco podemos decir que, pasada la primera ola, haya colapsado el sistema sanitario, aunque sí puede apreciarse menor ocupación de la habitual, especialmente durante 2021, de pacientes no-covid, que quizás haya repercutido en la mortalidad, si esa menor ocupación de pacientes no-covid es indicio de que se haya restringido el acceso a servicios hospitalarios de [pacientes con] otras patologías que precisaran esa atención urgente. Desde luego tanto los fallecidos con prueba positiva, como los derivados de causas de covid (aunque no hayan sido diagnosticados), como si se verificase correlación entre mayor mortalidad por menor asistencia sanitaria, todas esas muertes deberían considerarse motivadas por la situación de pandemia, puesto que es la causa inicial que las provoca. Si se podrían haber minimizado estas muertes con otra gestión, debería analizarse, especialmente para evitarlo en situaciones futuras en que podrían repetirse circunstancias similares.

La pasividad durante aquella segunda semana de marzo, de crecimiento exponencial, es difícilmente explicable.

Rafael Cascón Porres

PS: Abundando en lo anterior: si «un aspecto crucial [para la reducción de la mortandad] es el momento en que deben imponerse las medidas» (Vinculación del exceso de mortalidad…, pág. 14), en el caso de aquellos a quienes correspondía imponerlas en España, que registró su primer caso el 31 de enero de 2020 pero no adoptó medida alguna hasta el 14 de marzo, con la epidemia ya fuera de control, ¿no cabe calificar esas seis semanas de pasividad como negligencia criminal por su parte?

R.C.: La situación en toda Europa y en España en particular estuvo controlada durante febrero de 2020, con aparición de algunos casos esporádicos, que no reflejaban transmisión comunitaria, y la epidemia parecía concentrada en China. Quizás no estaba justificado establecer medidas, más allá de la observación, vigilancia y cierto control de llegadas de zonas de riesgo, durante ese periodo. Sin embargo, sorprende que desde finales de febrero en nuestro país ya se apreciaba el incremento exponencial de casos, y también la mortalidad que conllevaba en un país tan cercano como Italia, con cierto adelanto en la evolución de la epidemia. La primera semana de marzo podría entenderse como confirmación de este hecho, aunque ya podrían haberse iniciado algunas leves medidas, llamadas a la prudencia y mayor protección a los que ya se sabía más vulnerables: nuestros mayores; pero la pasividad durante esa segunda semana de marzo, de crecimiento exponencial, es difícilmente explicable. Cualquier día de retraso en la adopción de medidas implicaba miles de fallecidos; y además ese adelanto en la adopción de medidas quizás hubiese limitado la severidad de las que finalmente se adoptaron.

PS: «La cantidad más estimable de fallecidos debido a la infección derivaría de la adición de esos 20.150 de exceso de decesos adicionales a los contabilizados como covid hasta el 09/05 […] Con respecto a los fallecimientos en Cataluña, deberían considerarse los 1.977 de diferencia entre lo contabilizado por el Ministerio de Sanidad con respecto a lo contabilizado por la Generalitat desde el 1 de julio, que, como se ha comprobado, es mucho más coherente con la evolución de la enfermedad en Cataluña y con el exceso de decesos en este periodo […] Sumando esas dos cifras a los 44.668 contabilizados como caso covid hasta el 26/11/20, resultarían 66.795 fallecidos por infección de covid en España desde el inicio de la pandemia hasta esta última fecha» (Vinculación del exceso de mortalidad…, pág. 12). Aproximadamente, ¿cuál sería la cifra total de sobremortalidad para el bienio 2020-2021 en relación con la tasa de mortandad media del bienio inmediatamente anterior (2018-2019)? Y a partir de ésta, ¿se atreven Vd. y su grupo de trabajo a aventurar una estimación de la cifra real de muertes por covid en España hasta la fecha?

R.C.: No lo decimos nosotros sino el INE: se aprecia un exceso de mortalidad significativamente superior a la de años anteriores desde la semana 11 de 2020 (que empieza el lunes 9 de marzo). Si tomamos como referencia las muertes en España ocurridas el año anterior a esa fecha. Desde el 9 de marzo de 2020 hasta el 2 de enero 2022 (última fecha que recoge el INE), en España han muerto 120.740 personas más que las que hubiera cabido esperar con ese marco de referencia. Es difícil desligar ese aumento de mortalidad, inédito en tiempos de paz, de la situación de pandemia sufrida.

La sociedad tiene que seguir adelante, pero sin olvidar ni desproteger a los que todavía siguen sufriendo especialmente esta situación, fundamentalmente nuestros mayores.

Rafael Cascón Porres

PS: Vds. los científicos suelen alertarnos de los picos de exceso de defunciones mediáticamente más llamativos. Pero más allá de estos «episodios de significativa sobremortalidad«, ¿qué tendencia general apunta la trayectoria prolongada de estas curvas estadísticas a medio plazo?

R.C.: La tendencia que se observaba era que las muertes que se producían en España eran muy parecidas en los años previos a la pandemia. A largo plazo se apreciaba una ligerísima tendencia creciente, coherente con el crecimiento y envejecimiento de la población, y moderada por un aumento de la esperanza de vida. Se observaban pequeñas diferencias entre años, sobre todo entre los meses invernales, coincidiendo con mayores incidencias de gripe, y en menor medida, con ocasiones olas de calor en verano, pero desde luego, diferencias muy inferiores a las que hemos observado con la pandemia.

PS: También desde un punto de vista estadístico, ¿qué le dicen las tasas promedio de mortalidad históricamente asociada a la gripe común en relación con la provocada hoy por la variante ómicron de la covid? En concreto, ¿justifican la estrategia de «gripalización» implantada? —esto es, asimilación de ómicron a la gripe común a efectos de política sanitaria.

R.C.: De momento NO deberían despreciarse las muertes que se producen. La mortalidad que se observa todavía, no sólo por ómicron sino también por lo que persiste de la variante delta, es superior a la que se observaba en los episodios más graves de gripe, que no dejaba de ser una enfermedad seria, que provocaba considerable mortalidad en los años de mayor incidencia. Por otro lado, también es cierto que, con una variante tan contagiosa y al mismo tiempo con inferior tasa de letalidad, unas medidas de contención excesivas que sólo consiguieran ralentizar su propagación podrían provocar consecuencias aún peores que su falta de implantación. Con todo, debe medirse cuidadosamente el momento preciso de la retirada de medidas que puedan considerarse lesivas para la también necesaria recuperación progresiva de la normalidad. La sociedad tiene que seguir adelante, pero sin olvidar ni desproteger a los que todavía siguen sufriendo especialmente esta situación, fundamentalmente nuestros mayores.

PS: Una vez superada la actual epidemia, ¿volveremos a vivir conforme a tasas de mortalidad ‘normales’?

R.C.: Confiemos en que será así en breve. Espero que aproximadamente en un mes alcancemos esas tasas normales, y que se mantengan. Tal vez con algún repunte ocasional posterior, más probable en invierno, pero todas las epidemias históricamente han pasado. Ésta no tiene por qué ser diferente; y afortunadamente contamos con medios efectivos para combatir sus efectos, como la vacunación. Aunque se nos está haciendo muy larga —y siempre debemos contar con cierta incertidumbre sobre lo que pueda venir—, hay motivos de esperanza para suponer que sus consecuencias más graves finalizarán pronto.

PS: Muchas gracias, ingeniero Cascón, en nombre de los lectores de Prensa Social, por haberles dedicado su tiempo y arrojado luz sobre esta cruda verdad sin cuya digestión no podrá superarse plenamente.

R.C.: Gracias a Prensa Social por la atención.

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