El amor no se celebra hoy sino todos los días. Sobre todo en momentos complejos; durante una enfermedad, cuando las cosas se tuercen o ya no hay nada que rascar. El amor no tiene edad ni tampoco explicación y si hablamos en términos humanos, cambia dependiendo del momento y de las circunstancias vitales. El amor maduro implica futuro y éste no siempre es halagüeño: «vamos para viejos, recuerden».

Ese sentimiento inabordable sucede y no se puede medir. Es tan poderoso que está asociado a varios neurotransmisores, a los sistemas de recompensa, a hechos placenteros y a conductas que los procuran. Según la antropóloga Helen Fisher plantear un amor supone que este llegue porque el amor no se busca, te encuentra.

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El amor genera felicidad y ayuda a perpetuar la raza humana, por ello el concepto de amor real solo es posible cuando aceptamos nuestra ineludible soledad. No somos seres incompleto sino que unimos dos seres completos. Decidir con quién compartir la vida supone asumir sus fracasos y los tuyos, los problemas y todas sus circunstancias, la enfermedad e incluso la muerte.

En el amor completo no existen fisuras porque lo gratificante, lo bueno y lo que nos hace sentirnos bien al lado de otra persona se diluye en el tiempo.

Por ello, el concepto de amor que pueden tener las personas se basara en la teoría de Sternberg (1998), la cuál habla de los tres componentes del amor que son: intimidad, pasión y compromiso. Estos al combinarse entre sí irán a formar los diferentes tipos de amor para construir las diversas geometrías triangulares. De ahí que pueden aparecer distintos conflictos si los componentes no se encuentran en igual medida dentro de una misma relación de pareja. Fases que van cambiando a lo largo de los años y respecto a la evolución de cada uno de los miembros de la misma.

La activación primigenia que produce el enamoramiento manifiesta en el núcleo accumbens la liberación de la dopamina y también por las áreas corticales como el cíngulo anterior hacia la pareja elegida.

En las tres etapas del enamoramiento nos topamos con el amor romántico que está totalmente regulado por esa concentración elevada de dopamina. Euforia, aumento de energía, motivación inquebrantable; conductas ligadas a buscar a esa persona; hiperactividad; miedo al fracaso; taquicardias, entre otros síntomas. En este espacio de tiempo se regula el amor romántico entra en juego la serotonina y la obsesión que nos hace pensar en la persona amada.

Esta etapa dura aproximadamente tres años y es donde comienza a presentarse una regulación a la baja de receptores de la dopamina por lo cual disminuye esa actividad y por tanto, merma el interés por la persona.

Tras ésta, arranca el apego que genera amor e intimidad en la pareja. Ese amor apacible que relata momentos de paz, seguridad y unión que concentran vasopresina sérica en los hombres y oxitocina en las mujeres. En esta etapa las relaciones sexuales son muy satisfactorias por la unión de esas dos sustancias químicas.

La tercera etapa sucede entre los tres y los cinco años cuando se construye el compromiso. En esta fase suceden muchas situaciones que nos hacen o no compartir la vida: desde la enfermedad, el paro, el desamparo, las crisis de pareja, los problemas de los hijos, la vejez de los padres, entre otras cuestiones. El conocimiento mutuo es más grande y se instaura una forma de relación ligada a la amistad, a la lealtad, al compañerismo en donde tienen lugar varios conflictos por el devenir de la vida. En las fases anteriores no se ven o se ocultan por la alteración hormonal. Superado todo esto, incluidas las crisis de pareja y la readaptación de ambos llega el amor real. Ver a la persona sin fisuras y con el compromiso y el amor de llegar al final de la vida. Si esto no sucede y ya no hay intereses comunes, no se comparte la vida, el lecho y los quehaceres porque no existe proyección futura, ese amor se muere y nada puede impedirlo.

Puede haber estado en pareja y no haber estado enamorado y puede estar enamorado sin estar en pareja porque el amor no entiende de edad ni de anillos de compromiso y a cualquiera le sucede; o no. En todo caso, como decía Lope, «esto es amor, el que lo probó, lo sabe…».

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