La salud pública está amenazada y con ella la mortalidad avanza cuando lejos de curar la infección, el paciente muere por la resistencia a los antibióticos que ha desarrollado a lo largo de los años.

Hasta treinta y cinco mil muertes anuales suceden en Europa debido a las superbacterias, fallecimientos que pudieran haberse evitado si el paciente no hubiese estado infectado con ellas. Actualmente la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Unión Europea, consideran que la sanidad está ya sobrecargada pero lo estará más cuando desfilen las ochenta mil personas que van a infectarse y necesariamente morirán porque los antibióticos ya no son eficaces.

La resistencia antimicrobiana supone que una de cada cinco infecciones está causada por las superbacterias y este dato se verá incrementado en dos puntos dentro de diez años; algo inabordable en términos sanitarios. Enfermedades como la neumonía, infecciones sanguíneas u otros cuadros provocarán muertes tempranas porque no habrá respuesta alguna y la supuesta eficacia desaparaecerá.

Una simple infección podría ser causa de muerte, así de simple.

Desde la automedicación hasta la toma de antibióticos desde muy pequeños, los pacientes llegan a contraer infecciones imposibles que hacen que sean resistentes y causen dos de cada tres muertes en mayores de 65 años. La pregunta está en el aire: si ya hay más muertes por esta causa que por los accidentes de tráfico, ¿estamos preparados en España para afrontarlas con la población enferma y envejecida a pesar de tener un plan nacional a la resistencia a los antibióticos?

En algunos países ya se contempla que al menos el cuarenta por ciento de las infecciones estén causadas por las combinaciones de antibióticos y superbacterias. Esto amén del gasto desorbitado para el abordaje de las infecciones hace inviable el consumo de los mismos lo que causaría una amenaza para la salud de la ciudadanía.

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