La aspirina y el alcohol son polos opuestos que, si bien no se repelen, es aconsejable no mezclarlos dado que afectan al estómago.

Es imperceptible, pero el peligro está ahí: combinar aspirina con alcohol, o este último con otro tipo de medicamento. Una mezcla que tiene repercusiones negativas en el organismo ya que ataca directa y sistemáticamente a determinados órganos.

Una copa, una pastilla: un peligro

Perteneciente al grupo de antiagragantes plaquetarios, el ácido acetilsalicílico, comercialmente denominado aspirina, es uno de los medicamentos básicos de todo botiquín, ya que se suele tomar para bajar la inflamación, reducir el dolor o disminuir la fiebre. Un fármaco integrado en la familia de las plaquetas tal y como informan desde la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps).

«Las plaquetas son unos componentes de la sangre, más pequeños que los glóbulos rojos y blancos, que se agregan cuando la sangre coagula”. Por tanto, al tomar la aspirina se está previniendo dicha agregación y, con las mismas, se está contribuyendo a que “los antiagregantes plaquetarios reduzcan la posibilidad de que se produzcan coágulos sanguíneos (trombos)».

De hecho, desde esta Agencia Española de Medicamentos (AEM) aclaran que la aspirina y el alcohol no se deben tomar juntos, como tampoco ingerir el fármaco tras haber tragado una bebida alcohólica; y más si el paciente tiene costumbre de consumir tres o más bebidas alcohólicas al día, ya que la aspirina «le puede provocar una hemorragia de estómago».

Un riesgo latente que es invariable a lo que uno tome, ya se trate de cerveza, vino o licor o etc. Desde la AEMPS señalan, igualmente, que la forma correcta de ingerir este fármaco es con un vaso de agua, preferentemente en ayunas y al menos una hora antes de las comidas.

Efectos secundarios más frecuentes

Además, ¿sabía que tomar aspirina y alcohol puede agravar los efectos secundarios del propio medicamento? Una mezcla que se vuelve aún más ominosa al entrar en acción las manifestaciones secundarias de la aspirina. ¿Como cuáles? Desde efectos adversos frecuentes hasta los poco frecuentes, incluidas las manifestaciones raras.

Hablamos de: mareos, rinitis, erupción cutánea, ruidos en los oídos, sangrado nasal y del tracto urinario, dolor e inflamación gastrointestinal entre otros. Efectos adversos poco frecuentes como urticaria, hipersensibilidad, congestión nasal, sangrado en el cerebro e insuficiencia hepática. Aunque en la ennumeración de consecuencias de la AEMPS también se indica que:

«En tratamientos de larga duración y con dosis altas, pueden aparecer: mareos, ruidos en los oídos, sordera, sudoración, cefalea, confusión, y problemas de riñón. Habiéndose notificado casos de insuficiencia renal y de fallo renal agudo».

Por su parte, dentro de las llamadas manifestaciones secundarias raras, surgidas a raíz de tomar aspirina y alcohol se encuentra la perforación de úlcera gastrointestinal, una reacción anafiláctica, fallo renal agudo y hasta la anemia hemorrágica.

La aspirina, ese medicamento no apto para todos

Por otra parte, la AEM subraya como prescripción de precaución que ciertos grupos de población no deberían tomar aspirina, dado que están más expuestos a acabar sufriendo en carne propia los efectos adversos antes citados. ¿Y quiénes constituyen este colectivo?

Los alérgicos al ácido acetilsalicílico, por supuesto, o los intolerantes a alguno de los componentes que dan forma a este medicamento; los asmáticos o quienes han tenido reacciones similares al asma tras tomar un antiinflamatorio, como tos, ahogos, pitidos al respirar o dificultad para inhalar.

En la lista de pacientes no recomendables a la aspirina también figuran las personas con antecedentes de hemorragia o perforación gástrica tras el tratamiento, los pacientes con úlceras gastroduodenales agudas o molestias gástricas, pacientes con hemofilia o con problemas de coagulación sanguínea, los gravemente enfermos de corazón, los afectados de insuficiencia renal y/o hepática entre otros. Amén de las embarazadas en el tercer periodo de gestación, los menores de 16 años, y los sometidos a tratamientos con anticoagulantes orales.

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