La alimentación segura influye, y mucho, a la hora de detectar a tiempo el principio de la disfagia, especialmente cuando se da entre los adultos mayores.

Tras explicar qué es la disfagia, abordar cómo prevenir sus atragantamientos, e incluso presentar un menú muy óptimo, nutricional y dietético para quienes la sufren, es hora de enseñar cómo detectar a tiempo la disfagia; más hoy, 12 de diciembre, la fecha anual en la que esta enfermedad celebra a nivel mundial su Día más Internacional.

Disfagia, una patología muy repetida entre los círculos geriátricos

Entendida como la afección de la deglución, la disfagia se manifiesta como una alteración o complicación en el paso de los alimentos que se están comiendo o bebiendo, así como el paso dificultoso de unas secreciones o medicamentos que intentan ir desde la boca hasta el estómago; toda una complicación causada por alteraciones funcionales u orgánicas, aparentemente, y que no hace más que comprometer la seguridad y la eficacia de este proceso biológico.

Hablamos de un trastorno que puede manifestarse a cualquier edad; tanto es así que, si bien aún sigue presentándose entre las personas de edad avanzada, mayormente, cada vez es más común en el resto de la sociedad actual, desafortunadamente.

¿Sabía que en España hay dos millones de pacientes diagnosticados que conviven con la disfagia?

Una cifra que asciende a más de 40 millones de personas en la población de Europa, y que actualmente se sitúa en una prevalencia mundial estimada entre el 2 y el 16 por ciento. De hecho y según observaciones médicas, el 90 por ciento de quienes sufren este trastorno no está ni diagnosticada ni correctamente tratada, aproximadamente, acareando consecuencias negativas para la salud.

«Los trastornos de la deglución generan una discapacidad que debe de ser manejada por el equipo rehabilitador de forma precoz y orientada a recuperar y/o habilitar la capacidad de alimentación de forma segura y eficaz», en palabras de esta facultativa de la SERMEF, refiriéndose sobre todo a los médicos especialistas en Medicina Física y Rehabilitación, que llevan años dando cita y atención a este tipo de pacientes.

Clásico entre los síndromes geriátricos, y disciplina de gran relevancia entre los adultos mayores, todos los especialistas coinciden en que recibir un diagnóstico temprano de la disfagia resulta vital para evitar mayores complicaciones en el futuro de quien la padece. ¿Pero por qué, exactamente? Dado que la detección precoz abre las puertas a una evaluación especializada, sencillamente, y a una rehabilitación en la deglución; algo que, bien mirado, es básico para todas las personas.

Por tanto, es justo indicar que contar con un diagnóstico a tiempo que revele la disfagia en el organismo es de gran importancia, ya que contribuye a soslayar mayores complicaciones sanitarias. Para ello es fundamental mantenerse ojo avizor ante algunos indicios prevalentes, ciertos signos y señales ante los que hay que estar atentos, y más si se repiten.

¿Qué síntomas detectan la disfagia?

La sensación de ahogo y la dificultad para controlar la saliva y poder mantenerla adecuadamente en la boca es una de estas manifestaciones sintomatológicas, fundamentalmente, al igual que exteriorizar complicaciones para masticar, registrar cambios en la voz, tener una significativa disminución en la xerostomía o producción de saliva, y mantener residuos en la boca después de comer.

Una lluvia de migas de pan hacia el diagnóstico de la disfagia a los que también se suma una sensación de cuerpo extraño en la garganta, la conducta reiterada de evitar comer ciertos alimentos por parte de la persona, ya sean consistentes, sólidos o líquidos, manifestando además una importante y consiguiente baja de peso corporal.

Y es que cerca del 30 por ciento de los ingresos hospitalarios tienen una asociación con un trastorno de deglución, conllevando un aumento del 40 por ciento de la estancia hospitalaria y del gasto sanitario global. O eso hizo ver la presidenta de la Sociedad de Rehabilitación Foniátrica (SOREFON ), entidad dirigida por la doctora médica rehabilitadora Paola Díaz Borrego y filial de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF), en el marco del Día de la Disfagia.

Según lo afirmado por esta experta, quienes presentan disfagia en el momento de recibir el alta hospitalaria tienen aproximadamente cuatro veces más probabilidades de reingresar en el centro médico dentro de los 30 días posteriores, reuniendo además un incremento del riesgo de mortalidad intrahospitalaria que, por cierto, aumenta hasta trece veces en comparación con el resto de reingresados.

Para Díaz Borrego, «el abordaje inter y multidisciplinar de la disfagia reduce las complicaciones, la morbilidad y la mortalidad, el gasto sanitario y mejora la calidad de vida de los pacientes a nivel bio-psico-social».

Cabe aclarar, en este sentido, que el consejo reiterado de los especialistas, cuando alguna persona mayor del entorno da muestras de reunir esta sintomatología durante la alimentación, pasa por verificar primero si tales actitudes antes señaladas aparecen en varias ocasiones; resumiendo que, de ser así, sí que se podría estar presenciando los signos de la disfagia. ¿Qué hacer en estos casos, entonces?

Consultar con el especialista sobre estas dificultades, principalmente, y así ayudar a que la persona aspire alimentos que luego le caigan mal, ya que ello puede conducir posteriormente a un riesgo de sufrir desnutrición y/o deshidratación, complicaciones infecciosas respiratorias y hasta una neumonía aspirativa, amén de episodios de asfixia que acaban en muerte.

Una actitud preventiva contra la disfagia que adopta la forma de eludir futuros atoros y sus respectivas complicaciones, entre las que también se encuentra la importancia de mantener hábitos seguros de alimentación, así como el gesto vital de tener una alimentación pausada, adquirir una postura correcta mientras se come, mantenerse sentado y descansando un tiempo después de comer… para así evitar que luego se produzcan reflujos.

Después de todo, y tal y como describió al respecto Díaz Borrego, «la disfagia tiene un efecto doble sobre la persona que la padece, además de su repercusión sobre la familia y/o cuidadores del paciente. La presencia de atragantamientos frecuentes, la necesidad de una adaptación de la dieta o de una vía alternativa de alimentación (sonda), la falta de disfrute de los alimentos y la reducción de la participación en actividades cotidianas como consecuencia de dichos síntomas puede conducir a aislamiento social, que puede tener importantes consecuencias psicológicas para el individuo, sus cuidadores y su familia».

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